
El Tiétar se pone las botas
25/02/2026 Roque Robledo
El Tiétar, que en el Valle es más que un río —es un carácter—, ha arrancado 2026 con
esa alegría seria que trae el agua cuando viene de verdad: monte contento, gargantas con
voz, caminos con barro y vecinos asomados a los puentes “a ver qué tal baja”. Ha
habido avisos, fotos en WhatsApp y el comentario inevitable de “madre mía, cómo
viene”. Y sí: viene fuerte. Pero conviene ponerle marco, que el agua es generosa y
también es muy dada al malentendido.
(Datos hasta el 17 de febrero, a partir de estaciones de lluvia y lecturas hidrológicas
oficiales. Las cifras varían según el punto exacto de medición, pero el dibujo general es
claro.)
En la cabecera, donde el Tiétar todavía es promesa, enero dejó números de los que
empapan la memoria. En Guisando se registraron 340,4 mm solo ese mes; en Arenas de
San Pedro, 299,7 mm. Y si sumamos la primera mitad de febrero —borrascas
encadenadas, días de paraguas y ratos de chaparrón serio— el acumulado en zonas altas
se mueve en torno a 400–500 mm.
Lo importante no es solo el total, sino la persistencia: muchos días mojados y varios
episodios intensos. Eso, en un valle como el nuestro, es el equivalente hidrológico a
poner la cafetera en modo industrial: el río se despierta y no se calla.
(Para orientarnos sin bata blanca: “mm” es lluvia acumulada; “m³/s” es el agua que
pasa cada segundo; “hm³” es volumen embalsado —millones de metros cúbicos.)
Bajando al Puente Viejo, ese paso bonito entre Casavieja (Ávila) y La Iglesuela del
Tiétar (Toledo), el Tiétar ha ofrecido estos días su espectáculo clásico: corriente viva,
orillas tensas, troncos que pasan como si tuvieran prisa y un rumor grave que te hace
hablar un poco más bajo sin saber por qué.

En los picos, las lecturas han rondado 40–60 m³/s. No son “estimaciones”: son valores
de estaciones y partes que miden el pulso real del cauce. Es una crecida que impresiona,
sí, y que invita a mirar con respeto, no a jugar a la aventura cerca de una orilla
reblandecida.
Luego está el embalse del Rosarito, que en estos episodios hace de adulto responsable:
traga agua cuando sobra y suelta lo justo cuando conviene. Este febrero ha tocado abrir
compuertas para mantener niveles seguros.
El episodio dejó un pico de desembalse de 446 m³/s alrededor del 5 de febrero.
Después el caudal liberado fue bajando; el 16 de febrero se movía en torno a 60–61
m³/s. Y el día 17 el embalse ya estaba aproximadamente al 75% de su capacidad (82
hm³), es decir, cerca de 61,5 hm³.
Dicho sin tecnicismos: Rosarito está haciendo lo que tiene que hacer para que el agua
llegue con orden, no con golpe.
¿Mucho? Sí. ¿Para Guinness? No.Aquí conviene sacar la hemeroteca de la alacena,
no para competir, sino para entender. El Tiétar ha vivido inviernos más bravos,
con lluvias mayores en sierra y avenidas que dejaron a la gente mirando el agua
con otra cara. Este 2026 está siendo un muy buen año húmedo, de los que alegran la
tierra, pero sin señales claras de estar en la liga de las crecidas que se cuentan con
fecha y cicatriz.
Lo mejor de todo esto llega cuando el río afloja: recarga de acuíferos, pozos que
respiran, suelo con fondo, embalses con margen y un valle que entra en primavera
con el depósito lleno. Si el tiempo acompaña, lo notaremos en el campo… y también en
esas gargantas que en verano agradecen no quedarse en anécdota.
Así que, si este fin de semana os acercáis a ver el río, hacedlo como se hace aquí: con la
curiosidad de siempre y la prudencia de los que saben que el agua no discute. El Tiétar
está fuerte, sí. Pero lleva siglos practicando este oficio. Y este año, simplemente, ha
decidido recordarnos que también sabe ser generoso.
Roque Robledo





La comunidad STEM Talent Girl de Ávila participa en el STG Connect 2026




