
Tras el rastro de Kate O'Brien
05/02/2026 Arami Garit HernándezEsto de vivir en Ávila y escribirle a todo lo que me resulta mágico, maravilloso, me ha despertado reivindicaciones innatas.
Una estación de autobuses cerrada y sin proyecto futuro, una terminal de trenes sin nombre, una ciudad que encierra la mente de sus hijos y amuralla todo lo que suena culto, personajes predilectos, al que viene de fuera y se alquila un piso en la plaza Santa Teresa, quiere hilvanar filantropia por todas sus calles y encuentra una burocracia erguida, el desinterés devorador de no hacer nada por la cultura de un pueblo, la desidia de no contestar a ninguna misiva que signifique cambio, y digo no contestar porque ya mis tímpanos tiemblan de escuchar al ilustre José Antonio Sierra vestido de Quijote luchar contra molinos de papeles y preguntas sin respuestas.

Desde los muros acantilados que diviso tras mi sofá de Ikea ronronea el eco volador de la renovación, el amor por quien dedicó parte de su vida a exhaltal el nombre de una mujer con agallas, rebeldía, pasión por su ciudad, ya no tan medieval, aunque en la raíz cerebral de algunos políticos de turno, digase alcalde, o ésos al servicio del pueblo y presidentes de la nada, emanan manantiales sin rumbo, sin respuestas y con ése casposo traje de reuniones sin métodos.
Cambiamos el texto porque me aburre, me desequilibro, me vuelvo contorsionista para evitar que mi cuerpo origine esa artrosis que provoca en mí el olvido, en definitiva estoy harto de los plutocratas de esta ciudad .
Kate O'Brian es el cuadro de naturaleza viva, esa persona que llega a tus glóbulos blancos, te hacen explotar los rojos y tú hemoglobina sube, se dispara y deja tus plaquetas a merced de lo inaudito.
Adoro su figura, su vida, sus meses y madrugadas en un hotel escribiendo, relatando, dando voz a quien fuera la mesias de esta ciudad. "Santa Teresa de Jesús".
Pero éso a quien le importa. Su calle es corta, su cartel diminuto y raspado, de espalda al óxido de los trenes. Los aplausos de ser predilecta hacen del olvido una costumbre. Vuelvo a hablar de Kate O´Brien, de ella, la Juana de Arco Irlandesa que no pidió nada, sólo amar desde lo no místico la figura de la Santa. Sus homenajes en otra ciudad, dígase Madrid, taller poético en el círculo de Bellas Artes próximamente, o su isla natal, Irlanda, su tierra, Limerick y un festival literario en honor a su nombre, otro rincón, un reconocimiento alejado de murallas y calles, qué mas da, nadie es profeta en la habitación de sus recuerdos.
Seré breve y termino porque ya me cansan los quiebros, las cobras que me hacen desde un despacho lleno de diplomas, asfalto,y poco interés cultural.
Solo pido que una calle no sólo lleve su nombre valgan estas redundancias adoquinadas.
Quiero que Kate O'Brien, vuelva a esta ciudad, Ávila como esa cigüeña que trae a sus hijos en una funda de lino. Un homenaje es poco, el nombre de una calle, diminuto. Quiero que regrese el espíritu de su alma una vez por año, y no quiero bisiesto. Quiero un evento en el que todos hagamos de su nombre el despertar del fénix que llenaron de cenizas esta burocracia estúpida de una ciudad medieval encerrada en su propia lámpara.
Arami Garit Hernández
Actor, cantautor, escritor, profesor de artes escénicas. Oriundo de una Cuba que pierde a sus hijos.

Kate O'Brien
Limerick, Irlanda 1897, escritora irlandesa. Cursó sus estudios universitarios en el University College de Dublín. Residió en España durante algún tiempo, interesándose por la lengua, historia y literatura españolas, así como por las costumbres y tradiciones de los lugares que visita. Todo lo observa, lo contrasta y le parece atractivo e interesante, lo que le permitió adquirir el profundo conocimiento de la realidad española que muestran algunas de sus obras. Kate recorrió la península en numerosas ocasiones a lo largo de su vida familiarizándose con la cultura de las gentes de España y su geografía. Toda esta experiencia se encuentra recogida en sus diferentes libros.
Se dio a conocer en 1926 con una pieza teatral, Distinguished Villa (Chalé distinguido), a la que siguieron otras, estrenadas con éxito. Escritora prolífica, sus novelas, que gozaron de gran popularidad, reflejan a menudo los conflictos de la clase media irlandesa. Entre su vasta obra narrativa cabe destacar los volúmenes Without my Clock (Sin mi reloj de péndulo), de 1931, reconstrucción de la vida provinciana en la Irlanda de principios de siglo, obra por la que la autora recibió varios galardones; Esa dama (1946), historia de la princesa de Éboli; Pasiones rotas; Mary Lavelle; Sin mi capa; Flor de mayo (1953); Como música y esplendor, de 1958, y My Ireland (Mi Irlanda), de 1962.

Kate O'Brien se convirtió en una gran escritora de lengua inglesa y llevó a las páginas de Mary Lavelle un dramático relato que tiene como escenario de fondo el hogar donde vivió durante su estancia en el País Vasco, descrito con talento y realismo notables y en el que aparecen muchos personajes, entre verdaderos y ficticios, construidos con retazos de la vida y con ingredientes de ficción. Y fue así en su vida real.
Kate O'Brien regresó a España en muchas ocasiones. Conoció a fondo nuestra lengua y literatura y visitó las ciudades y lugares que más fuertemente solicitaron su interés. Ávila era el motivo de su predilección, y santa Teresa, su lectura favorita. La princesa de Éboli y su papel en la corte y en la vida de Felipe II cristalizaron en su famosa novela titulada “Esa Dama”, y Teresa de Cepeda también fue objeto de una conocida monografía, una de las mejores de la lengua inglesa sobre nuestra santa.
Al comienzo de nuestra guerra civil visitó la zona republicana, pues, dado su militante pacifismo, se inclinó abiertamente por la causa antifranquista. Publicó entonces un libro titulado Farewell Spain (Adiós España), especie de crónica de viaje por diversas ciudades españolas. Pero el tono político del pequeño volumen fue suficiente para prohibir su circulación en España y vetar, asimismo, la entrada de la autora en nuestro país. Tal como escribió José María Areilza, Ministro de Asuntos Exteriores español. Este absurdo impedimento duró hasta 1957, en que se le volvió a permitir viajar a la escritora a la nación que tan entrañablemente amaba.
En 1972, poco antes de su muerte, asistió en Valladolid a unas jornadas irlandesas en la universidad, donde compartió su presencia con muchos de sus amigos intelectuales españoles.
Fallece en 1974 en Canterbury (Inglaterra).





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