
EL BOSQUE GANA TERRENO
27/01/2026 Roque Robledo
El paisaje del Valle del Tiétar parece inmutable, pero no lo es. Basta con caminar por
ciertas laderas, mirar antiguos bancales o ver en fotos cómo eran algunos montes hace
cincuenta o cien años para darse cuenta de que algo ha cambiado. Y ese cambio tiene
nombre: el bosque ha avanzado.
Durante siglos, el valle fue un territorio intensamente trabajado. Agricultura, ganadería,
carboneo, leña y aprovechamientos forestales constantes dejaron un paisaje más abierto,
con grandes superficies de matorral, pastos y tierras marginales. Sin embargo, desde
finales del siglo XX la tendencia empezó a invertirse, y los datos lo confirman.
El Censo Agrario de 1999 del INE, que ofrece información específica para la comarca
agraria Valle del Tiétar, ya mostraba una realidad significativa: de las llamadas “otras
tierras” dentro de las explotaciones agrarias, más del 77 % correspondían a especies
arbóreas forestales, frente a un 15 % de matorral y porcentajes mucho menores de
eriales. Es decir, incluso entonces, el arbolado era ya dominante en buena parte del
territorio no agrícola.
Los Inventarios Forestales Nacionales, que analizan la evolución de los montes con
criterios homogéneos desde los años ochenta, refuerzan esta lectura. En la provincia de
Ávila —el mejor proxy estadístico cuando se analizan series largas— la superficie
forestal supera el 59 % del territorio, y la proporción de bosque arbolado ha ido
aumentando entre el IFN2 (años 80-90) y los inventarios posteriores. Parte de ese
crecimiento se explica por la regeneración natural en antiguas tierras agrícolas y
ganaderas abandonadas.

Este proceso no es exclusivo del Tiétar, pero aquí resulta especialmente visible.
Estudios de historia ecológica, como los realizados por Martínez Ruiz y otros
investigadores, muestran que el paisaje del valle ha oscilado durante siglos entre fases
de expansión y retroceso forestal. Cuando la presión humana disminuye —menos
laboreo, menos pastoreo intensivo, menos aprovechamientos—, encinas, rebollos,
pinares y castaños recuperan espacio con relativa rapidez.
La propia Red Natura 2000, a través de la ZEPA Valle del Tiétar, reconoce hoy más de
64.000 hectáreas de alto valor ecológico, con presencia de distintos tipos de bosques
mediterráneos y de ribera. No se trata solo de árboles: es estructura de suelo, regulación
hídrica, refugio de fauna y conectividad ecológica.
Conviene subrayar una idea importante: el avance del bosque no responde tanto a una
planificación consciente como a un cambio de usos del territorio. El abandono rural,
con todos sus problemas asociados, ha tenido también este efecto colateral: permitir que
la vegetación se recupere allí donde antes apenas sobrevivía.
Esto no significa que todo sean ventajas ni que el proceso esté exento de retos. Un
monte más continuo exige gestión, prevención de incendios y equilibrio con los usos
tradicionales que aún perviven. Pero desde un punto de vista estrictamente ecológico, la
tendencia es clara: hay más superficie forestal y más continuidad de masas arbóreas
que hace unas décadas.
Estos datos merecen ser entendidos y valorados. El bosque del Tiétar no ha vuelto de
golpe ni por decreto; ha regresado paso a paso, ocupando los huecos que dejamos. Y
saber leer esa evolución es una buena manera de entender no solo el paisaje que
tenemos, sino también el que estamos construyendo.
Roque Robledo





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