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El Jardín de Epicuro en el Valle del Tiétar

14/04/2026 "Modesto El Crack"

Epicuro fue un filósofo griego que, aunque sus padres eran de Atenas, nació en la isla de Samos, se cree que alrededor del año 341 a. C., por lo que era también conocido como Epicuro de Samos. Murió en Atenas, en el año 270 a. C.,
Fundó una corriente filosófica que es conocida como epicureísmo. Los aspectos más destacados de su doctrina son el hedonismo racional, y el materialismo atómico, o atomismo. Influido sobre todo por Demócrito, Aristóteles y los Cínicos, se enfrentó abiertamente al platonismo, para lo cual estableció su propia escuela de filosofía en las afueras de Atenas, que era conocida como "El Jardín".
Desarrolló una filosofía única, basada en la búsqueda del placer, la cual debería ser dirigida por la prudencia. Se manifestó en contra del destino, la necesidad y el recurrente sentido griego de fatalidad. La naturaleza, según Epicuro, está regida por el azar, entendiendo este como ausencia de causalidad. Epicuro fue el primer libertario, porque para él, la libertad del individuo era la piedra angular sin la cual el hedonismo no tiene motivo de ser. Manifestó también, y desarrollo todo un método para demostrarlo, que los mitos religiosos amargan la vida de los hombres. Definió, de manera absolutamente evidente, que el fin de la vida humana es procurar el placer, y evitar el dolor, pero siempre de una manera racional: Huir de los excesos, pues estos generalmente provocan un sufrimiento posterior, a veces incluso de mayor entidad que el placer obtenido. Los placeres del espíritu son superiores a los del cuerpo, y ambos deben satisfacerse con inteligencia, para perseguir alcanzar un estado de bienestar corporal y espiritual al que denominó ataraxia. Sus teorías acerca de los dioses, y de la muerte, se revelaron como soluciones emancipadoras resolutivas de la mayoría de los miedos que atenazaban a los individuos de su Grecia contemporánea.
Hay tres tipos de deseo según Epicuro: 
* Deseos naturales y necesarios
* Deseos naturales no necesarios
* Y los deseos nocivos, que ni son naturales, ni son necesarios.
Pero Epicuro, en su tiempo, era una persona rara, casi extravagante, por todo lo que decía, pero también, y sobre todo, por lo que hacía. Porque en su jardín no solo eran bienvenidos los esclavos, que adquirían allí adentro los mismos derechos que los demás, sino también, y aunque no lo parezca, mucho más extraño en aquellos tiempos, las mujeres, ya fueran prostitutas, pudientes o mendigas, con sus nombres y apellidos, adquirían allí el mismo derecho que cualquier otro discípulo del jardín. Aquello, en la Atenas de entonces, provocó un verdadero escándalo.

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Tan raro fue Epicuro que la inmensa mayoría de sus más de 300 libros fueron destruidos. Sus revolucionarias afirmaciones ofendieron tanto a los pensadores clásicos, seguidores de Platón, y sobre todo a los cristianos, que se ocuparon de hacer desaparecer su legado, y de borrar la huella de su doctrina filosófica revolucionaria, a la que infamaron, calumniaron, y finalmente demonizaron.
Tanto fue así, que Diógenes de Enoanda, uno de sus principales mentores, reaccionó mandando construir en el año 120 dC un enorme muro de piedra, de 80 metros de largo por 4 metros de alto, donde hizo grabar un resumen de las teorías filosóficas de Epicuro. Ese muro, que fue la primera “valla publicitaria” de la historia, no se sabe bien por qué, o por quien, también fue destruido, y borrado -hecho desaparecer- porque sus restos no fueron encontrados hasta pasados casi 1800 años, en 1884.
Justo 30 años antes, Thoreau había escrito Walden, libro que, durante mi juventud, me dejo casi tan impresionado como “la Conquista del Pan”, por lo que, después de comprobar que había salido indemne del terrible “efecto 2000”, abandone mi relación, mi casa, y mis pertenencias en Madrid, y me eche, literalmente, al monte. 
Boadilla, Cadalso, y después de dar unos cuantos tumbos, me puse a buscar un lugar idílico donde poder hacerme un “Walden”, y a la vez pense tambien en un entorno con el espacio suficiente para que fuera merecedor de construir allí un “Jardín de Epicuro”.
Durante seis meses estuve buscandolo, con ilusión, y a razón de varios días por semana, hasta que lo encontré: estaba en el Valle del Tiétar. 
Una planta completa de energía solar, todavía funcionando a la intemperie, y un pequeño manantial con el que me surtía de agua, fue la excusa perfecta para empezar a invitar a mis amigos a que vinieran a visitarme, así que, en formato “rave”, montamos allí unas de las mejores fiestas que se recuerdan en todo el valle. Sin dinero. Espontáneamente. Fue genial. El jardín funciono. Horas y horas de hedonismo sano y conversaciones hasta el amanecer, exaltación de la pereza, momentos mágicos, confianza, pero sobre todo amistad: aquello que para Epicuro era el placer principal.

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Durante meses viví en una tienda de campaña, (el campamento base) hasta que me hice con la caja de un camión, donde monte el segundo campamento. Con un poco más de confort, mi obsesión en invierno consistía simplemente encontrar un lugar donde algún alma caritativa me permitiera ducharme. En mi cabaña “Walden” moderna instalé una estufa, y monté mis enseres con un mobiliario mínimo, y con 10m2 tuve suficiente para obtener la experiencia de vivir con sencillez, con sobriedad, teniendo solo lo esencial. 
Aquel lugar me permitió vivir:  planté y recolecté, tuve gallinas, cerdos y ovejas, perros y gatos, y los corzos y jabalíes que anduvieron por allí. Y los insectos, alimañas y pájaros. Obtuve placer, ataraxia, serenidad. Fue sin duda la experiencia vital más determinante que me trajo al lugar donde estoy ahora.

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Y alli consegui demostrarme empíricamente a mi mismo varios conceptos importantes:
* Se puede vivir perfectamente, y con absoluto confort, usando energía solar.
* Se puede vivir respetando el ciclo del agua dejando una huella absolutamente inocua.
* Vivir solo durante un tiempo es duro pero es muy beneficioso.
Uso la filosofía como una herramienta utilitaria para resolver mi existencia del dia a dia, y me medico con el “Tetrafármaco de Epicuro”:
* Huyo de los falsos mitos, y de los mitos eternos, de la monogamia y del amor romántico. 
* La muerte no existe porque cuando yo estoy, ella no está, y cuando ella está, ya no estoy yo. 
* Ignoro a los dioses tanto o más que ellos me ignoran a mi. 
* Encuentro la felicidad en la búsqueda del placer, y procuro alejarme lo más posible del dolor.
Busco la amistad real, la que se haya al azar durante un viaje, y aunque vivo en una sociedad fracasada, armada con los principios del protofascista Platón, lo que finalmente triunfó, no dejo de pensar en el clinamen, ni de esperar un dia en que todos vivamos en un Jardín de Epicuro, donde actuaremos “como si Epicuro nos estuviera mirando”.

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