
MONUMENTO A LOS CAÍDOS EN INCENDIOS FORESTALES Y AL BOMBERO FORESTAL

El 16 de julio de 2017 quedó grabado para siempre en la memoria de Casavieja. Aquel día se inauguró, en el parque de Las Lagunillas, el Monumento a los Caídos en Incendios Forestales y al Bombero Forestal: un lugar nacido de la memoria, el respeto y la gratitud.
Más que una escultura, era y sigue siendo un símbolo. Un reconocimiento a todas las personas que entregaron su vida en la lucha contra los incendios forestales y la desertificación. Un homenaje a los Bomberos y Bomberas Forestales del mundo, hombres y mujeres que cada día defienden la naturaleza, protegen la vida y combaten el avance del desierto.
En 2017 la figura profesional del Bombero Forestal aún no estaba plenamente reconocida. Por ello, este monumento también nació como una reivindicación. Han pasado los años y, todavía hoy, en comunidades como Castilla y León, ese reconocimiento continúa siendo una asignatura pendiente.
La obra fue creada por el escultor Luis Martín de Vidales y financiada gracias al esfuerzo de los propios Bomberos y Bomberas Forestales de este país y de todas aquellas personas que creen en ellos, los apoyan y los quieren.
En su base reposan once rosas. Once rosas que recuerdan a los once compañeros fallecidos en el incendio de Riba de Saelices en 2005. Su sacrificio marcó un antes y un después, obligándonos a madurar, a aprender y a evolucionar como personas y como dispositivos de emergencia.
En el corazón de este monumento habita también el alma de Javier Tirado, Bombero Forestal de la BRIF de La Iglesuela, que perdió la vida en el incendio de Casavieja de 2005. Y junto a él, el recuerdo imborrable de los cinco miembros del GRAF caídos en el incendio de Horta de Sant Joan.
Ellos son nuestros héroes.
Son el eje de nuestra resiliencia, la raíz de nuestro aprendizaje y el impulso de nuestra evolución.
Lo más triste es que, con el paso de los años, nuevos nombres se han ido sumando a la lista de quienes cayeron defendiendo la naturaleza y la vida. Sin olvidar a tantos otros que los precedieron y que apenas fueron recordados con una placa, mientras el tiempo parecía borrar su memoria para todos salvo para sus familias, compañeros y amigos.Hoy, el monumento se alza firme y erguido en el Parque del Bombero Forestal Javier Tirado. A su alrededor lo acompañan las esculturas de madera realizadas por Javier Díaz, pintor y escultor local, donadas por la Mascota de los Bomberos Forestales al pueblo de Casavieja. Aquella mascota, nacida también el día de la inauguración gracias al trabajo de su ilustradora, Lidia Martín, y de Uncas Lakota, coautor del proyecto.

El monumento mira hacia las montañas de Gredos. Mira hacia el lugar donde Javier perdió la vida. Y desde allí permanece vigilante, como un guardián silencioso de la memoria.
Con los años ha visto de todo.
Ha escuchado las risas de los niños que juegan a su alrededor.
Ha sentido el silencio profundo que acompaña al susurro del viento y al canto de los pájaros.
Ha sido testigo de abrazos entre compañeros y compañeras que regresan para rendir tributo a quienes ya no están.
Ha escuchado palabras emocionadas, lágrimas discretas y promesas pronunciadas en voz baja.
También ha visto pasar a caminantes que, con respeto, detienen sus pasos para recordar a quienes dieron la vida en la lucha y a quienes todavía continúan librándola.
Porque los Bomberos y Bomberas Forestales forman una estirpe de hombres y mujeres valientes. Personas que, día tras día, le arrancan terreno al desierto y protegen un patrimonio que pertenece a todos.
Nadie sabrá jamás cuántas vidas han salvado.
Nadie podrá contar todos los hogares, bosques, animales y paisajes que siguen existiendo gracias a su esfuerzo.

¿Quién sabe qué habría sucedido si ellos no hubieran estado allí?
Detrás de cada incendio extinguido hay una historia.
Detrás de cada guardia, de cada despliegue y de cada intervención hay sacrificios, miedos, abrazos, despedidas y esperanzas.
Son innumerables las historias que estos héroes y heroínas podrían contar.
Y son incontables los susurros, las lágrimas, los abrazos y las alegrías que este monumento ha contemplado desde aquel día de julio de 2017.
Por eso, hoy y siempre, solo queda una palabra:
Gracias.
Gracias a quienes dieron su vida.
Gracias a quienes siguen protegiendo nuestros montes.
Gracias a quienes mantienen viva su memoria.
Y gracias a todos los que, de una forma u otra, nos quieren, nos apoyan y caminan a nuestro lado.
Mientras exista este monumento, mientras alguien se detenga ante él y recuerde, ninguno de ellos habrá sido olvidado.
Uncas Lakota


BIOECONOMÍA FORESTAL en GREDOS
06/05/2026



CD Calamochos Casavieja cierra dos grandes citas de montaña y ya prepara la VI Carrera y Marcha Solidaria



