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Incienso, Invierno

07/08/2026 Sergio Pérez Sánchez

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Es julio y hay niebla; la carretera navega entre los pinos aún humeantes,
tocones (algunos aún con llamas) levantan un humo que con el fresco de la
mañana apenas despega del suelo.
El fondo del valle cubierto de una fina niebla que inunda todo. Algún coche
despistado, los demás servicios de emergencias, BRIF, bomberos...
Silencio, los pueblos aún despiertan a los pocos que ya han regresado después
de la evacuación por el incendio.
Alguna casa al borde de la carretera parece que no está muy afectada, viejos
pajares sí, alguna nave también. Los tejados caídos, las paredes de piedra en
pie, como estos viejos pueblos; las casas salvadas pero la sierra abrasada;
cuanto más alzas la mirada más consciente eres de la catástrofe.
Ha pasado una semana y aún los rescoldos humeantes recuerdan la fuerza del
incendio. Camino de la Presa las praderas en donde de niños hacíamos nuestra
cabaña, nuestras aventuras trepando los bloques de piedra, ahora humean,
algunos árboles ya los han cortado, el paisaje es negro.

 

 


El olor a brasa e incienso lo inunda todo. Como en una catedral gótica, oscura la
piedra, intenso el olor, silencio.
Algunos oasis verdes: la casa forestal, las fuentes; miras a la sierra buscando
un resquicio verde, algo que se haya salvado, el Collado quizá, algún castaño
confías.
Es invierno en la Fuente Helecha, apenas dos coches que aparcan, miran y se
van. Por encima de los pinos el sol se oculta tras la montaña. Hoy debería estar
lleno el quiosco, la piscina, el camping; miras el atardecer desde la pradera, no
hay nadie, solo tú y tu mirada.
...
Es pronto por la mañana, el olor a humo entra por la ventana abierta. El sol aún
no despunta por el fondo del valle, el perfil de la sierra dibujado sobre el
horizonte. El huerto frente a mi terraza es el único espacio verde frente a mí.
Las montañas empiezan a mostrar los zarpazos negros del incendio, trazos
negros sobre un lienzo marrón. El sonido de los pájaros te recuerda que la
rueda sigue rodando a pesar de todo, los gallos despiertan, el reloj marca la
hora.
Ayer leí que nuestros abuelos conocieron otro bosque aquí: robles, castaños,
menos pinos. Un bosque más resiliente, más adaptado a los incendios, ¿será
esto una nueva lección de nuestros mayores? ¿Aprenderemos esta vez?
Los más viejos lloran aún conscientes de que no volverán a ver su paisaje igual,
los más jóvenes confían en que el paso del tiempo les dará otra oportunidad;

yo, que no soy joven ya ni viejo aún, quizá haya encontrado al fin el sentido de la
vida, el propósito que me trajo aquí.

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Germán. Vecino de Casavieja.
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Durante el incendio sabíamos que solo podíamos defender el pueblo trabajando juntos. Ahora debemos seguir haciendo lo mismo.