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title: "CANTAR JUNTOS"
article_type: "Article"
description: "Cantar con todos tus vecinos"
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date_published: "2026-04-21T18:52:00+02:00"
date_modified: "2026-07-11T22:51:19+02:00"
tags:
  - "Mascarávila"
  - "Mayalde"
  - "Richard K."
  - "Salud Social"
author_name: "Richard K."
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# CANTAR JUNTOS

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Dijo Mayalde en Mascaravila: “No hay mejor salud social que cantar con tus vecinos. Con todos”.

Conviene quedarse un momento con la frase: cantar con todos tus vecinos.Con el que te cae bien y con el que te cae mal. Con el que piensa como tú y con el que te parece un necio. Con el cazador, con el ecologista, con el urbanita intenso, con el nostálgico, con el moderno, con el que sube al monte con prismáticos y libreta. Si no puedes cantar con ellos, quizá el problema no sea musical.

Aquí nos gusta pensarnos gente de paz. Y en buena medida lo somos. Nos gustan la conversación, la plaza, la ronda, la fiesta compartida, el saludo, el favor pequeño, el duelo acompañado. Pero también nos gusta, cada vez más, decir que media población sobra. No lo decimos así, claro. Lo adornamos con palabras grandes: convivencia, valores, dignidad, bien común. Y acto seguido: fuera los fachas, fuera los rojos, fuera los pijos, fuera los jipis, fuera los cazadores, fuera los ecologistas, fuera hasta los ornitólogos. Ya hay que tener vocación de cruzada para ver una amenaza en un hombre que murmura “mira, un martín pescador”.

Lo notable no es solo el sectarismo, sino la inocencia con que lo practicamos. Queremos la paz, sí, pero una paz sin otros. Sin roce, sin contradicción, sin el vecino que nos estropea la pureza moral del paisaje. Decimos que defendemos el bien, pero a menudo solo defendemos un balneario ideológico donde nadie nos discuta nada y donde el mérito de los demás es parecérsenos.

Cuando alguien dice que “a esos” habría que echarlos fuera de nuestros pueblos, conviene hacerle la pregunta incómoda: ¿cómo exactamente? ¿Esperan que se vayan por voluntad propia? ¿O prefieren ayudarles con un vacío social, una humillación, una campaña de desprecio? ¿Y si no se van? Conviene seguir el verbo hasta el final, aunque nos arruine la sobremesa. Porque mucha gente ama la paz hasta que le piden que conjugue de verdad lo que significa expulsar.

La guerra no empieza con misiles. Empieza cuando deshumanizas al otro: cuando el vecino deja de ser una persona concreta y se convierte en una etiqueta, en una caricatura, en una pieza defectuosa de la comunidad. Antes del primer disparo siempre hubo palabras. Antes de la ruina, una pedagogía del desprecio.

Nos tranquiliza pensar que la guerra siempre pasa fuera, en otros mapas. Pero aquí ya está presente, en estado larvario, cuando una comunidad acepta que una parte de sí misma debe ser expulsada para que reine la virtud. Bien peinada, sin uniforme, disfrazada de civismo.

Mientras tanto, el verdadero enemigo rara vez vive aquí. No comparte nuestro calor, ni nuestra sequía, ni nuestros incendios, ni nuestras fiestas. Vive lejos y nos habla a través de pantallas. Nos traduce al vecino en enemigo, nos ofrece agravios cómodos y nos inocula el placer de dividir el mundo entre puros e impuros. Luego nos deja aquí, rumiando la cizaña que otros sembraron.

Más nos valdría entenderlo a tiempo. El enemigo no es el vecino que discrepa, ni el hermano que vota distinto, ni el pesado de los pájaros. El enemigo es quien siembra la discordia y vive de ella. El que necesita que desconfiemos del de al lado para que no miremos más arriba.

Por eso la frase de Mayalde era más seria de lo que parecía. Cantar con tus vecinos no es una postal costumbrista. Es una prueba de salud. Una comunidad en la que ya no se puede cantar con todos sus vecinos es una comunidad enferma. Y una comunidad que llama paz al deseo de expulsar al otro está ya demasiado cerca de la guerra, aunque todavía conserve el pudor de no llamarla por su nombre.

**Richard K.**

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