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title: "NOS HAN ABANDONADO ?"
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description: "Qué hemos aprendido y qué estamos haciendo ¿? ..."
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date_published: "2026-08-26T13:34:00+02:00"
date_modified: "2026-08-26T13:46:27+02:00"
tags:
  - "Bomberos y Bomberas Forestales"
  - "Uncas Lakota"
author_name: "Uncas Lakota"
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# NOS HAN ABANDONADO ?

![zz dosCaptura de pantalla 2026-08-26 134154](/download/multimedia.normal.bef6cdb375e05bee.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

Nos han abandonado

Últimamente oigo mucho esta frase. Se repite como un mantra:

«Nos han abandonado».

Y hay otra que también se repite mucho:

«El pueblo salva al pueblo».

O esta otra:

«El incendio lo apagaron los voluntarios».

He de reconocer que se hicieron muchas cosas mal.

Pero la primera de todas fue dar el voto a quien no sabe gestionar.

Es la primera vez en la historia que se activa un nivel 3 porque dos autonomías ni asumen su papel en la gestión ni están preparadas, dando a otros el poder de asumir una responsabilidad que les corresponde.

Y eso, amigas y amigos, también es responsabilidad de vuestro voto, ya que las competencias están derivadas a las autonomías.

«Nos han abandonado» no es cierto.

Otra cosa es que se hayan gestionado mal los recursos.

Hay que tener cuidado a quién se da el poder de la coordinación. No siempre lo que aparenta ser lo mejor lo es, ni quien tiene más títulos o una determinada posición es necesariamente quien sabe coordinar mejor.

La experiencia también cuenta.

Nos han abandonado, No.

Lleváis treinta años de abandono.

Los Bomberos y Bomberas Forestales os lo llevamos advirtiendo.

Dejar restos de corta en el monte: error.

No cumplir con los planes de prevención: error.

No tener las fincas gestionadas: error.

No gestionar las fajas perimetrales, los caminos o los cortafuegos: error.

No hacer una buena política de gestión forestal: error.

No querer ver el cambio climático, que nos pasará por encima: error.

No fomentar en la población una conciencia situacional de dónde estamos y qué hay que hacer: error.

No tener grupos de voluntarios coordinados y entrenados, con material, vehículos y equipos adecuados: error.

Y así podría hacer una larga lista de errores que nos han llevado hasta aquí.

Pero hay algo que también tenemos que decir.

Los voluntarios apagaron el incendio.

No.

No es cierto.

Los voluntarios ayudaron, y por ello les doy las gracias.

Pero en dos incendios que, juntos, suman 75.000 hectáreas y más de 250 kilómetros de perímetro, hacen falta muchos voluntarios. Y, sobre todo, hacen falta profesionales y personas preparadas para coordinar esa ayuda.

Porque estos incendios ya no son los incendios que apagaban nuestros abuelos.

Antes había ganado en el monte. Se recogía la madera. Se aprovechaban los recursos. Incluso se recogían los helechos para hacer camas al ganado y alejar las pulgas.

El monte tenía una gestión y un aprovechamiento que, de una manera u otra, mantenían el territorio.

Ahora no.

Estos incendios te pasan por encima.

Te encierran.

Te atrapan.

Te asfixian.

Estos incendios no perdonan.

Matan.

Lo aprendimos tristemente en el incendio de La Gomera, donde murieron 20 personas. Allí se cambiaron las políticas sobre voluntarios y Protección Civil.

Por eso, cuando escucho determinadas historias, creo que hay que contar también la parte que no se cuenta.

Se cuentan leyendas de cómo un alcalde, con una autobomba —como ya hizo en el pasado— salvó Mijares junto a los voluntarios.

Lo que no se cuenta es que por encima de él había dos BRIF y dos camiones de Castilla-La Mancha, con sus respectivas dotaciones, y dos Charlie de Castilla y León, también con sus dotaciones, apagando el fuego que se le venía encima.

O cómo se salvó El Aprisquillo con tres BRIF, tres Romeo y otros Bomberos Forestales de otras comunidades, sujetando el fuego para que no entrase en el pinar.

Y no digo esto para colgarnos medallas.

No.

Lo digo porque hay una diferencia enorme entre ayudar a apagar un incendio y estar preparado para enfrentarse a un gran incendio forestal.

Y por eso el discurso de «el pueblo salva al pueblo» me parece peligroso.

Porque no me gustaría que algún día tuviéramos que lamentar un gran accidente que podría haberse evitado.

La buena voluntad no sustituye a la formación.

La valentía no sustituye a la preparación.

Y las ganas de ayudar no sustituyen a una buena coordinación.

En un incendio forestal de estas dimensiones, un error puede costar una vida.

Espero que mis palabras sirvan para que cada uno miremos qué podemos hacer para crecer y mejorar, y no para volver a repetir los mismos errores.

Porque esto no ha terminado.

![zzz uncas651238270_10237380264899050_3959045026723751216_n](/download/multimedia.normal.adbe588dd022123d.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

En no más de cuatro años podríamos volver a tener incendios con la misma intensidad en lo que ya se ya quemado .

Y entonces tendremos que hacernos una pregunta:

¿Hemos hecho los deberes?

¿Hemos gestionado nuestros montes?

¿Hemos cumplido los planes de prevención?

¿Hemos preparado a la población?

¿Hemos preparado a nuestros voluntarios?

¿Tenemos los medios necesarios?

¿Tenemos profesionales suficientes?

¿Estamos preparados para lo que viene?

Porque el próximo gran incendio no va a esperar a que estemos preparados.

Tenemos que estarlo antes.

Y quizá esa sea la verdadera pregunta que deberíamos hacernos hoy:

¿Qué hemos aprendido y qué estamos haciendo para que la próxima vez no tengamos que decir «nos han abandonado»?

Sobre los incendios de Burgohondo y San Martin de Valdeiglesias

[Uncas Lakota](https://www.facebook.com/uncasl?__cft__[0]=AZZWJBNvyIjpvqAHyNcVr5-vsFkYhhe7U4EGLCvIkeh09ZE6zObKoIH8eXq5i8dx-n-iH5FOMWNcDeIeVL8v3uSsonzlw2buRtuSIvXzCnrxdUekQP9Puf_mFPU6SFw4fzG2oIw3cuSV24dkbpr9oJUIf7ufxjEqlHKPUWCXPA62vA&__tn__=-]K-R)

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